Frases del dia
miércoles, 19 de junio de 2013
Malignaggi-Broner este sabado en Combate Space
Horarios exclusivos para el feed Space HD: 22 hs. (ARG)
Sábado 22 de junio
23:00hs.
Desde el Barclays Center de Brooklyn, NY
PAUL MALIGNAGGI
Campeón
32-4,7 KOs
(Brooklyn, Estados Unidos)
Campeón
32-4,7 KOs
(Brooklyn, Estados Unidos)
vs.
ADRIEN BRONER
Retador
Campeón mundial ligero WBC26-0, 22 KOs
(Cincinnati, Estados Unidos)
Retador
Campeón mundial ligero WBC26-0, 22 KOs
(Cincinnati, Estados Unidos)
Pelea a 12 asaltos por el título mundial welter AMB (147 libras)
JOHNATHON BANKS
Clasificado #2 WBC y OMB, #5 FIB, #8 AMB
29-1-1, 19 KOs
(Southfield / Detroit, Estados Unidos)
Clasificado #2 WBC y OMB, #5 FIB, #8 AMB
29-1-1, 19 KOs
(Southfield / Detroit, Estados Unidos)
vs.
SETH MITCHELL
Clasificado #5 WBC
25-1-1, 19 KOs
(Virginia Beach / Brandywine, Estados Unidos)
Clasificado #5 WBC
25-1-1, 19 KOs
(Virginia Beach / Brandywine, Estados Unidos)
Pelea a 12 asaltos en la categoría pesados (+200 libras)
Exclusivo y Space HD:
SAKIO BIKA
Clasificado #1 WBC, #5 OMB
31-5-2, 21 KOs
(Douala, Camerún /, Sídney, Australia)
Clasificado #1 WBC, #5 OMB
31-5-2, 21 KOs
(Douala, Camerún /, Sídney, Australia)
vs.
MARCO ANTONIO PERIBÁN
Clasificado #3 WBC
20-0, 13 KOs
(México DF, México)
Clasificado #3 WBC
20-0, 13 KOs
(México DF, México)
Un 2014 Tremendo
Sergio Gabriel Martínez, el campeón mediano del Consejo
Mundial de Boxeo (CMB), se encuentra en Nueva York en tratativas con directivos de la
cadena televisiva HBO y para asistir este fin de semana al Salón de la Fama del boxeo de Canastota,
Estados Unidos .
Sergio Gabriel Martínez se encuentra en recuperación, ya que
ante el inglés Martín Murray sobrio una lesión
en la mano izquierda, de Quilmes se reunió con ejecutivos de la cadena
televisiva HBO para diagramar su próxima defensa del título, a efectuarse
probablemente a principios de 2014.
Martínez visitará el campo de entrenamiento del inglés
Matthews Macklin, a quien venció en Nueva York en marzo de 2012, desde donde
quedaron como amigos.
El boxeador británico -de origen irlandés- combatirá ante el
campeón mediano de la AMB,
el ruso Gennady Golovkin, el sábado 29 de junio en el MGM Grand at Foxwoods
Resort, Mashantucket, Connecticut.
lunes, 17 de junio de 2013
EL Hombre de los Guantes" entrenador de Carlos Monzon
Imperdible película Sobre el Gran Amilcar Brusa
Un excelente homenaje al fallecido Amilcar Brusa, una
leyenda del boxeo y miembro del Salón de la Fama, entrenador de 14 campeones mundiales tuvo
entre sus pupilos al inolvidable Carlos Monzón.
Entre sus dirigidos se contaron los campeones mundiales
argentinos Miguel Ángel Cuello, Alejandra Oliveras, Juan Domingo Córdoba, Jorge
Rodrigo Barrios y Carlos Manuel Baldomir; los colombianos Miguel Lora, Sugar
Rojas, Tomás Molinares, Luis Mendoza, Rafael Pineda y Francisco Tejedor; el
dominicano Francisco Quiroz, el venezolano Antonio Esparragoza y el salvadoreño
Carlos "Famoso" Hernández1 y, el más conocido, Carlos Monzón con
quien se vinculó en 1960 y lo acompañó en toda su carrera boxística por muchos
escenarios del mundo. En 1976 Brusa se distanció del Luna Park, el principal
centro de boxeo de Argentina, y de su promotor, Juan Carlos Lectoure, en 1976,
por lo que debió trabajar en otros países. Fue así que lo hizo en Miami,
Caracas, Los Ángeles y Barranquilla.
De gran porte –medía 1,90 metros- dedicó su vida al deporte.
Actuó como boxeador solamente en el campo amateur y en peso pesado y obtuvo fue
campeón Guantes de Oro y de los Barrios en Buenos Aires con sólo tres derrotas
en 30 peleas. En 1948 intentó sin resultado clasificarse para representar a su
país en los Juegos Olímpicos de Londres. Incursionó en el catch encarnando al
personaje de “El enmascarado” y finalmente se dedicó a la profesión de
entrenador de boxeo.
Brusa fue uno de los más grandes entrenadores
latinoamericanos de boxeo y figura en el Salón Internacional de la Fama del Boxeo de Nueva York
en 2007 y en el de Los Ángeles. Hasta su fallecimiento seguía lúcido y en
actividad en su gimnasio del "UPCN Boxing Club". Tenía 3 hijos y
murió de una complicación pulmonar en Santa Fe el 27 de octubre de 2011.
Entrevista del recuerdo : Gerofildo Toscanito
Caminar chaplinesco pisando casi con los talones, la mirada
altiva, el pecho al frente, la palabra fácil, el gesto arrogante. La imagen de
"fanfa" que es nada más que una máscara para esconder al tipo simple
y tranquilo. La piel oscura en la que apenas se adivina alguna que otra herida
lejana, el cabello peinado hacia atrás, "a la gomina", los ojos
pequeños y la nariz chata que denuncia su pasado de boxeador. Gerofildo Macedo
anda por las calles de Santa Rosa y a cada rato recibirá el saludo afectuoso de
su gente -muchos que él no conoce, pero que sí saben de él-, y devolverá con un
gesto o una palabra. "Chau Gerofildo...", le gritará alguien y él
responderá con un insulto: "Andá a la p... que te parió".
Es parte de un juego que se acostumbró a jugar desde que era
un pibe, cuando un amigo, allá en Villa Regina le dijo que su apodo debía ser
ése, "Toscanito", el protagonista de una película, "El hijo de
la calle", que vio por entonces. Que así se reinvidica siempre nuestro
"Toscanito". "Es que la calle fue mi escuela y mi maestro el
rigor", le dice al periodista en tono filosófico.
Boxeador, árbitro de boxeo -"el primer pampeano árbitro
nacional e internacional", reafirma como para que se registre y aparezca
como un dato indiscutible-, lustrador, caramelero en un cine, empleado de la
administración pública (hoy jubilado), mozo, masajista de equipos de fútbol,
vendedor de rifas y empedernido jugador, ese es "Toscanito".
"Si, la timba fue mi vicio desde siempre, porque cuando boxeaba ni fumaba
ni tomaba", aunque ahora sí consume dos atados por día para desatar las broncas
de María Inés Villarreal, su esposa desde hace más de 50 años.
¿Cómo hizo para aguantarlo, señora? Y responde María Inés:
"La verdad, no sé. Un día, cuando éramos novios me dijo que el domingo nos
veíamos y volvió a los 5 años", reprocha la mujer que lo
"aguantó" durante medio siglo, y con la que conformó una familia que
hoy tiene seis hijos y nada menos que 15 nietos. "Familia numerosa"
dice, y sonríe el protagonista.
¿Cómo empezó todo? Nacido en General Acha, su familia se
trasladó a Villa Regina y allá fueron los padres y 13 hermanos. "Mi viejo
era obrero, y nosotros hacíamos un poco de todo... yo era lustrador y me
gustaba el fútbol. Me las rebuscaba bien como wing derecho, pero un día me
peleé con un compañero, le metí un 'bollo' en la boca y resulta que más tarde
me dijeron que le había pegado al hijo del comisario. Después nos hicimos
amigos, pero no jugué más. Hasta que apareció el boxeo... fuimos a ver un
entrenamiento, me 'empuaron' para hacer algunos rounds con un pibe que estaba
entrenando y la verdad es que me dio bastante. Pero como bien porfiado que soy
ahí nomás empecé a entrenar y a los pocos días le di una paliza. Más tarde vino
mi primera pelea, en Temuco, Chile. ¿Qué tal? Internacional en la primera
pelea", se ufana este Macedo auténtico.
"Tongo" no reconocido.
Anduvo de aquí para allá, peleando cuántas veces se lo
propusieran y ganándose la vida de esa forma. Confiesa 206 peleas como amateur
-incomprobable-, siete de ellas con su gran amigo Federico Ferreyra.
"Resulta que él también era de Acha y un día cayó por Regina. Vivíamos
juntos e hicimos varias peleas".
Y se mandaron un lindo "tongo" una vez, refiere el
periodista. "No, no hubo tongo", reniega ahora Macedo. "Sí es
cierto que habíamos arreglado para empatar en Ingeniero Huergo, pero en un
momento dado el Chueco me dice: sentí esa mano 'Toscano'... y ahí empecé a
darle, y le gané. Así que no hubo tongo. Eramos amigos, tan amigos que nos
volvimos caminando a Regina por las vías del tren. Eran otros tiempos",
arroja una voluta de humo que sigue con la mirada y dibuja una sonrisa
recordando una de sus tantas picardías.
Un día creyó que estaba para más y se decidió. Se fue a
Buenos Aires y empezó a entrenar en el Luna Park. Nada menos que 29 veces se
presentó en el mítico estadio. "Eran buenos tiempos para el boxeo, ganaba
bien, peleaba seguido. Me hicieron debutar en Montevideo, imaginen, la primera
y ya peleando afuera", vuelve el "fanfa".
Eran tiempos en que entrenaba junto a glorias del pugilismo,
como Roberto Castro -campeón argentino y sudamericano-, el cordobés Manuel
Alvarez, Ricardo González y Alfredo Bunetta, entre otros. Un día se decidió,
todavía joven y dejó el boxeo. "Tenía 25 años pero ya había andado mucho,
le había ganado a Roberto Arraigada el título de campeón pampeano en una pelea
bárbara", recuerda "Toscano", y "me volví del todo a Santa
Rosa", donde aún esperaba María Inés.
Renegando del Gerofildo.
"Conseguí trabajo en Agua y Energía como cadete, y en
1962 cuando se inauguró la Casa de Gobierno pasé a ser ascensorista un par de
años. Pero al poco tiempo me propusieron ir a mesa de entradas y allí aprendí a
escribir a máquina," rememora. Y cuenta también que un incidente lo
depositó en el Registro de la Propiedad, donde estaría hasta jubilarse con la
categoría 5.
Siguió vinculado al boxeo como árbitro, y se recuerda de él
su imagen severa -aunque pelearan sus amigos- y su figura espigada gritando el
clásico "breack", para que se aparten los contendientes y lo
escucharan desde las tribunas. De allí vendría el clásico "¡¡Gerofildo,
Gerofildo!!", que tanto dice aborrecer, y desde el ring la mirada dura de
"Toscano" para amonestar a los vagos que se divertían barato con su
bronca. Casi un clásico de cada festival en Fortín Roca.
"No me puedo quejar. Lo pueden ver, una familia
hermosa, mi casa... ¿si pude tener más? Sí, pero ya les dije, me gusta mucho la
timba y así perdí un terreno aquí enfrente y otro al lado de mi casa",
narra sin arrepentirse de nada. "Ya pasó, me crié solo, en la calle y tuve
de todo. Estoy conforme, me comporté con la honestidad que me enseñaron mis
viejos y siempre hice lo que quise, porque nunca me gustó que me tengan
enjaulado", apunta. Aunque María Inés le recordará lo que él nunca
confesará. Que alguna vez lo fue a buscar en un taxi a un boliche de la calle
Raúl B. Díaz, y al rato este personaje -aparentemente tan autosuficiente, con
pinta de ser un poco compadrito- caía compungido y con la cabeza gacha.
Por allí anda "Toscanito", vendiendo alguna rifa,
charlando con un amigo -aunque a él le gusta decir que son "sólo conocidos"-,
saludando a diestra y siniestra. Con la mano en alto y el saludo cordial al que
le grite "Chau Toscanito", o devolviendo una blasfemia al que lo
mencione Gerofildo. Tiene 74 años, una tos incipiente por ese cigarro que no
debiera fumar, y tres millones de anécdotas que podría estar días narrando.
"Toscanito", o Gerofildo, como prefieran.
Solamente un verano.
“Fuiste mía un verano, fuiste mía un verano, solamente un
verano…”. El hit de Leonardo Favio sonaba fuerte en todas partes, y los muchachos
lo canturreaban cada vez que aparecía el personaje, a la sazón su amigo, que no
era otro que el inefable “Toscanito” Macedo.
La escena se repetía en los pasillos de Casa de Gobierno,
donde solían encontrarse, o por las tardes en el gimnasio, o en cualquier calle
de Santa Rosa, porque son amigos de verdad. ¿Quiénes? Además de “Toscano”
claro, el extraordinario boxeador que fue Luis Horacio “Golepa” Cabral, “El
Oso” –o “Cacho”– Otero y “Chito” Teves.
“Fuiste mía un verano, fuiste mía un verano. Solamente un
verano…”, repetían divertidos al lograr la bronca inocultable de Macedo. ¿Por
qué, qué sucedía?
Cuentan, ellos cuentan, que “Toscanito” compró una heladera
–casi un lujo en aquellas épocas–, llegando a los últimos años de la década del
’60, en un céntrico comercio santarroseño. Dicen, los “amigos” de “Toscanito”,
que a los tres meses, “justito”, se la sacaron… por falta de pago. Diciembre,
enero y febrero “Toscano” tuvo su heladera. Solamente un verano.
Por eso el “Fuiste mía un verano, fuiste mía un verano…”.
Las rabietas de Macedo eran indisimulables, porque los atorrantes no perdían
ocasión, de alguna manera, de contarle a todo el mundo lo que afirmaban había
sucedido. Aún hoy “Toscanito” jura y perjura que aquello no fue cierto, y hasta
asegura haber pagado “hasta el último peso a un Ruso que vendía y compraba
heladeras. Miente ‘Golepa’, no es verdad lo que dice. Es más, al Ruso le compré
precisamente una heladera que le había vendido el mismo ‘Golepa’, así que era
usada, pero no le quedé debiendo nada”.
Ha pasado mucho tiempo, la vida casi, y mirando hacia atrás
uno no puede menos que sonreír ante la broma inocente de un grupo de amigos
que, en un mundo de furia y de golpes por doquier, encontraron una amistad
eterna. Aunque a “Toscanito” le siga molestando aquella estrofa de la canción
de Favio e insista conque nada de lo que dicen es cierto.
Pero “Toscanito” concretó, por esos días nomás, su venganza:
¿Qué hizo? Empezó a hablar por aquí y por allá del fallecimiento del Oso –otro
personaje querido de aquella Santa Rosa–, si cuentan que hasta el doctor Ismael
Amit y otros amigos interrumpieron su partida de naipes en el café El
Centenario para prepararse e ir al sepelio. Cacho Otero veía que lo miraban con
asombro, pero recién bastante después se enteraría que Macedo había decidido
tomarse revancha echando a correr una versión que era falsa. “Tan falsa como lo
de la heladera”, sostiene hoy, todavía, “Toscanito”.
Muere Gerofildo Macedo. Toscanito
A los 76 años falleció en Santa Rosa. Hay quienes sin
proponérselo, dueños de un anecdotario único, conocidos por todos, se
convierten en protagonistas. Boxeador,
árbitro de boxeo -”el primer pampeano árbitro nacional e internacional”, reafirma
como para que se registre y aparezca como un dato indiscutible-, lustrador,
caramelero en un cine, empleado de la administración pública (hoy jubilado),
mozo, masajista de equipos de fútbol, vendedor de rifas y empedernido jugador,
ese es “Toscanito”. “Si, la timba fue mi vicio desde siempre, porque cuando
boxeaba ni fumaba ni tomaba”, aunque ahora sí consume dos atados por día para
desatar las broncas de María Inés Villarreal, su esposa desde hace más de 50
años. Su esposa Inés contó : ” Un día,
cuando éramos novios me dijo que el domingo nos veíamos y volvió a los 5 años”,
reprocha la mujer que lo “aguantó” durante medio siglo, y con la que conformó
una familia que hoy tiene seis hijos y nada menos que 15 nietos. Nacido en
General Acha, su familia se trasladó a Villa Regina y allá fueron los padres y
13 hermanos. “Mi viejo era obrero, y nosotros hacíamos un poco de todo… yo era
lustrador y me gustaba el fútbol. Me las rebuscaba bien como wing derecho, pero
un día me peleé con un compañero, le metí un ‘bollo’ en la boca y resulta que
más tarde me dijeron que le había pegado al hijo del comisario. Después nos
hicimos amigos, pero no jugué más. Hasta que apareció el boxeo… fuimos a ver un
entrenamiento, me ‘empuaron’ para hacer algunos rounds con un pibe que estaba
entrenando y la verdad es que me dio bastante. Pero como bien porfiado que soy
ahí nomás empecé a entrenar y a los pocos días le di una paliza. Más tarde vino
mi primera pelea, en Temuco, Chile.
Internacional en la primera pelea”. Anduvo de aquí para allá, peleando
cuántas veces se lo propusieran y ganándose la vida de esa forma. Confiesa 206
peleas como amateur -incomprobable-, siete de ellas con su gran amigo Federico
Ferreyra. “Resulta que él también era de Acha y un día cayó por Regina.
Vivíamos juntos e hicimos varias peleas”. Un día creyó que estaba para más y se
decidió. Se fue a Buenos Aires y empezó a entrenar en el Luna Park. Nada menos
que 29 veces se presentó en el mítico estadio. “Eran buenos tiempos para el
boxeo, ganaba bien, peleaba seguido. Me hicieron debutar en Montevideo,
imaginen, la primera y ya peleando afuera”. Eran tiempos en que entrenaba junto
a glorias del pugilismo, como Roberto Castro -campeón argentino y
sudamericano-, el cordobés Manuel Alvarez, Ricardo González y Alfredo Bunetta,
entre otros. Un día se decidió, todavía joven y dejó el boxeo. “Tenía 25 años
pero ya había andado mucho, le había ganado a Roberto Arraigada el título de
campeón pampeano en una pelea bárbara”, recuerda “Toscano”, y “me volví del
todo a Santa Rosa”, donde aún esperaba María Inés. “Conseguí trabajo en Agua y
Energía como cadete, y en 1962 cuando se inauguró la Casa de Gobierno pasé a ser
ascensorista un par de años. Pero al poco tiempo me propusieron ir a mesa de
entradas y allí aprendí a escribir a máquina,” rememora. Y cuenta también que
un incidente lo depositó en el Registro de la Propiedad, donde estaría
hasta jubilarse con la categoría 5.
Siguió vinculado al boxeo como árbitro, y se recuerda de él su imagen
severa -aunque pelearan sus amigos- y su figura espigada gritando el clásico
“breack”, para que se aparten los contendientes y lo escucharan desde las
tribunas. De allí vendría el clásico “¡¡Gerofildo, Gerofildo!!”, que tanto dice
aborrecer, y desde el ring la mirada dura de “Toscano” para amonestar a los
vagos que se divertían barato con su bronca. Casi un clásico de cada festival
en Fortín Roca.
Chito" Teves
Había nacido el 26 de marzo de 1940. Fue boxeador amateur y
luego formó a numerosos deportistas de la época dorada del boxeo pampeano,
entre ellos a Miguel Campanino, Walter Gómez, Mario Paladino y Miguel Angel
Castellini.
En la adolescencia, el ex boxeador Liberato Fernández le
enseñó a él y su grupo de amigos a sacar las manos, según recuerda el libro
"Biografías Pampeanas" que hicieron Matías Sapegno y Norberto
Asquini.
Siguió practicando boxeo en el club Santa Rosa. Hizo toda su
carrera como amateur, con más de cuarenta peleas. Luego entró como manager al
club Fortín Roca, donde empezó a escribirse la época dorada del boxeo pampeano.
Allí estuvo más de veinte años y junto a Vicente Espinoza
formó a Toscanito Macedo, Miguel Ángel Campanino, Mario Paladino, Luis Horacio
Cabral, Brujo Cabral, Mosquita Alvarez, Miguel Ángel Castellini y Walter Gómez.
Con algunos de ellos vivió desde el rincón varias noches de
pelea en el Luna Park, donde -aseguraban- sus pupilos “parecían estudiantes, no
boxeadores”, por su correcto comportamiento. Reconoció a Víctor Arnotein como
su maestro en el box y el consejero en la vida.
Nelson Mandela
En 1950, un joven se acercó a un club en Johannesburgo,
capital de Sudáfrica, para comenzar a practicar boxeo. Años más tarde, su
nombre daría la vuelta al mundo y se convertiría en un luchador contra el
Apartheid y la defensa de los derechos humanos, por lo que pasó 27 años en la
cárcel, hasta erigirse como una figura de la libertad dentro y fuera de su
país.
Nelson Mandela comenta en su autobiografía Long Walk To
Freedom que en los años más críticos de su lucha contra el gobierno de su país,
se le restringió el tránsito dentro del territorio nacional y fue confinado a
quedarse en Johannesburgo. Fue entonces que se unió a un club donde practicaba
el pugilismo.
Mandela recuerda que el Donaldson Orlando Community Centre
estaba mal equipado para boxear: "no teníamos ring y entrenábamos sobre
cemento, lo cual era particularmente peligroso cuando un boxeador era noqueado.
Sólo teníamos un costal y unos cuantos pares de guantes. No teníamos medicina
ni peras fijas, tampoco calzoncillos ni zapatillas adecuadas y tampoco
protectores bucal".
Madiba recuerda que cuando era bachiller, practicaba el
boxeo, pero fue hasta que llegó a la capital de Sudáfrica que tomó en serio el
deporte, aunque "no era un destacado boxeador. Yo estaba en la división de
los pesos pesados y no tenía el suficiente poder para compensar mi falta de
velocidad ni la velocidad para compensar mi falta de poder".
Mandela entrena con Jerry Moloi (Especial)
¿Pero qué llevó a un hombre que pugnaba por la lucha civil
pacífica, seguidor de Mahatma Gandhi, a meterse a un deporte donde se expone la
vida? "No me gusta la violencia del boxeo tanto como la ciencia que
guarda. Estaba intrigado por cómo se mueve el cuerpo para protegerse a sí
mismo, cómo se utiliza una estrategia tanto para atacar y retirarse, cómo toma
ritmo en una pelea".
Para Mandela, el pugilismo no era simplemente un deporte, se
convirtió en una reflexión sobre la vida misma y la búsqueda del ser humano por
ser mejor. "El boxeo es igualitario. En el ring, rango, edad, color, y
riqueza son irrelevantes. Cuando estás dando vueltas a tu oponente, sondeando
sus puntos fuertes y débiles, no estás pensando en su color o estatus
social".
Recordaba que la discriminación estaba en todas partes,
incluso en el deporte. Los atletas blancos tenían instalaciones de primera. Los
negros, sufrían para conseguir espacios donde entrenar. "A diferencia de
los pugilistas blancos, los africanos tenían trabajos de tiempo completo".
A pesar de las adversidades, varios de sus compañeros de cuadrilla llegaron a
ser grandes campeones nacionales.
El ex presidente veía en el boxeo la igualdad que en las calles
se negaba. Sobre el ring todos son iguales, sólo la táctica y técnica hacen la
diferencia, pero cuando todo acaba y llega el saludo fraterno, el
reconocimiento hace de este deporte una actividad más humana. Mandela
practicaba el boxeo para liberar el estrés y la tensión, pero también para
reflexionar sobre la comunidad.
EL BOXEO, UN DEPORTE QUE LO PERSIGUE
1.- Con los años, ese pacifista galardonado con el Premio
Nobel de la Paz
ha sido reconocido en todo el mundo y el pasado 1 de abril de 2013 lo hizo el
Consejo Mundial de Boxeo (CMB), que lo nombró Rey de la Igualdad Humana.
2.- A finales del mes de mayo, se presentó una estatua de
Mandela en la que aparece practicando el deporte de las bofetadas. La obra de
Marco Cianfanelli, llamada Shadow Boxing, fue creada a partir de la fotografía
que Robert Gosani le tomó a Madiba y al boxeador profesional Jerry Moloi, en
1950.
La efigie está situada entre el Chancellor House, donde
Mandela tuvo su bufete de abogados junto con su compañero de lucha Oliver Tambo,
y el Tribunal de la
Magistratura, uno de los símbolos arquitectónicos del
Apartheid.
3.- Nelson Mandela se ha reunido algunas veces con Muhammad
Alí, considerado como el pugilista más grande del mundo. Una de ellas fue en
1990 en Los Ángeles, California, con dos personas alcanzadas por la edad pero
con buen semblante.
Otra fue capturada el 21 de junio de 2003 en Dublín,
Irlanda, tal vez la más emotiva, pues dos hombres de grandes glorias se
mostraban en decadencia. En esa ocasión, Mandela y Alí lanzaron sus mejores
golpes al mentón.
EL BOXEO HUMANIZA
Nelson Mandela es uno de los personajes más importantes del
siglo veinte. Su pacifismo consiguió mejorar la relación entre blancos y negros
en Sudáfrica, y se convirtió en una antorcha de libertad para toda África.
Odiaba la violencia, pero encontró en el boxeo la metáfora
perfecta de la igualdad. Nadie podrá decir que el pugilismo es una actividad
deshumanizada, cuando ha inspirado a progresistas ha pelear por los derechos
humanos y la evolución del espíritu.
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