Frases del dia

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lunes, 17 de junio de 2013

EL Hombre de los Guantes" entrenador de Carlos Monzon



Imperdible película Sobre el Gran Amilcar Brusa

Un excelente homenaje al fallecido Amilcar Brusa, una leyenda del boxeo y miembro del Salón de la Fama, entrenador de 14 campeones mundiales tuvo entre sus pupilos al inolvidable Carlos Monzón.

Entre sus dirigidos se contaron los campeones mundiales argentinos Miguel Ángel Cuello, Alejandra Oliveras, Juan Domingo Córdoba, Jorge Rodrigo Barrios y Carlos Manuel Baldomir; los colombianos Miguel Lora, Sugar Rojas, Tomás Molinares, Luis Mendoza, Rafael Pineda y Francisco Tejedor; el dominicano Francisco Quiroz, el venezolano Antonio Esparragoza y el salvadoreño Carlos "Famoso" Hernández1 y, el más conocido, Carlos Monzón con quien se vinculó en 1960 y lo acompañó en toda su carrera boxística por muchos escenarios del mundo. En 1976 Brusa se distanció del Luna Park, el principal centro de boxeo de Argentina, y de su promotor, Juan Carlos Lectoure, en 1976, por lo que debió trabajar en otros países. Fue así que lo hizo en Miami, Caracas, Los Ángeles y Barranquilla.

De gran porte –medía 1,90 metros- dedicó su vida al deporte. Actuó como boxeador solamente en el campo amateur y en peso pesado y obtuvo fue campeón Guantes de Oro y de los Barrios en Buenos Aires con sólo tres derrotas en 30 peleas. En 1948 intentó sin resultado clasificarse para representar a su país en los Juegos Olímpicos de Londres. Incursionó en el catch encarnando al personaje de “El enmascarado” y finalmente se dedicó a la profesión de entrenador de boxeo.

Brusa fue uno de los más grandes entrenadores latinoamericanos de boxeo y figura en el Salón Internacional de la Fama del Boxeo de Nueva York en 2007 y en el de Los Ángeles. Hasta su fallecimiento seguía lúcido y en actividad en su gimnasio del "UPCN Boxing Club". Tenía 3 hijos y murió de una complicación pulmonar en Santa Fe el 27 de octubre de 2011.




Entrevista del recuerdo : Gerofildo Toscanito



Caminar chaplinesco pisando casi con los talones, la mirada altiva, el pecho al frente, la palabra fácil, el gesto arrogante. La imagen de "fanfa" que es nada más que una máscara para esconder al tipo simple y tranquilo. La piel oscura en la que apenas se adivina alguna que otra herida lejana, el cabello peinado hacia atrás, "a la gomina", los ojos pequeños y la nariz chata que denuncia su pasado de boxeador. Gerofildo Macedo anda por las calles de Santa Rosa y a cada rato recibirá el saludo afectuoso de su gente -muchos que él no conoce, pero que sí saben de él-, y devolverá con un gesto o una palabra. "Chau Gerofildo...", le gritará alguien y él responderá con un insulto: "Andá a la p... que te parió".
Es parte de un juego que se acostumbró a jugar desde que era un pibe, cuando un amigo, allá en Villa Regina le dijo que su apodo debía ser ése, "Toscanito", el protagonista de una película, "El hijo de la calle", que vio por entonces. Que así se reinvidica siempre nuestro "Toscanito". "Es que la calle fue mi escuela y mi maestro el rigor", le dice al periodista en tono filosófico.
Boxeador, árbitro de boxeo -"el primer pampeano árbitro nacional e internacional", reafirma como para que se registre y aparezca como un dato indiscutible-, lustrador, caramelero en un cine, empleado de la administración pública (hoy jubilado), mozo, masajista de equipos de fútbol, vendedor de rifas y empedernido jugador, ese es "Toscanito". "Si, la timba fue mi vicio desde siempre, porque cuando boxeaba ni fumaba ni tomaba", aunque ahora sí consume dos atados por día para desatar las broncas de María Inés Villarreal, su esposa desde hace más de 50 años.
¿Cómo hizo para aguantarlo, señora? Y responde María Inés: "La verdad, no sé. Un día, cuando éramos novios me dijo que el domingo nos veíamos y volvió a los 5 años", reprocha la mujer que lo "aguantó" durante medio siglo, y con la que conformó una familia que hoy tiene seis hijos y nada menos que 15 nietos. "Familia numerosa" dice, y sonríe el protagonista.
¿Cómo empezó todo? Nacido en General Acha, su familia se trasladó a Villa Regina y allá fueron los padres y 13 hermanos. "Mi viejo era obrero, y nosotros hacíamos un poco de todo... yo era lustrador y me gustaba el fútbol. Me las rebuscaba bien como wing derecho, pero un día me peleé con un compañero, le metí un 'bollo' en la boca y resulta que más tarde me dijeron que le había pegado al hijo del comisario. Después nos hicimos amigos, pero no jugué más. Hasta que apareció el boxeo... fuimos a ver un entrenamiento, me 'empuaron' para hacer algunos rounds con un pibe que estaba entrenando y la verdad es que me dio bastante. Pero como bien porfiado que soy ahí nomás empecé a entrenar y a los pocos días le di una paliza. Más tarde vino mi primera pelea, en Temuco, Chile. ¿Qué tal? Internacional en la primera pelea", se ufana este Macedo auténtico.

"Tongo" no reconocido.
Anduvo de aquí para allá, peleando cuántas veces se lo propusieran y ganándose la vida de esa forma. Confiesa 206 peleas como amateur -incomprobable-, siete de ellas con su gran amigo Federico Ferreyra. "Resulta que él también era de Acha y un día cayó por Regina. Vivíamos juntos e hicimos varias peleas".
Y se mandaron un lindo "tongo" una vez, refiere el periodista. "No, no hubo tongo", reniega ahora Macedo. "Sí es cierto que habíamos arreglado para empatar en Ingeniero Huergo, pero en un momento dado el Chueco me dice: sentí esa mano 'Toscano'... y ahí empecé a darle, y le gané. Así que no hubo tongo. Eramos amigos, tan amigos que nos volvimos caminando a Regina por las vías del tren. Eran otros tiempos", arroja una voluta de humo que sigue con la mirada y dibuja una sonrisa recordando una de sus tantas picardías.
Un día creyó que estaba para más y se decidió. Se fue a Buenos Aires y empezó a entrenar en el Luna Park. Nada menos que 29 veces se presentó en el mítico estadio. "Eran buenos tiempos para el boxeo, ganaba bien, peleaba seguido. Me hicieron debutar en Montevideo, imaginen, la primera y ya peleando afuera", vuelve el "fanfa".
Eran tiempos en que entrenaba junto a glorias del pugilismo, como Roberto Castro -campeón argentino y sudamericano-, el cordobés Manuel Alvarez, Ricardo González y Alfredo Bunetta, entre otros. Un día se decidió, todavía joven y dejó el boxeo. "Tenía 25 años pero ya había andado mucho, le había ganado a Roberto Arraigada el título de campeón pampeano en una pelea bárbara", recuerda "Toscano", y "me volví del todo a Santa Rosa", donde aún esperaba María Inés.

Renegando del Gerofildo.
"Conseguí trabajo en Agua y Energía como cadete, y en 1962 cuando se inauguró la Casa de Gobierno pasé a ser ascensorista un par de años. Pero al poco tiempo me propusieron ir a mesa de entradas y allí aprendí a escribir a máquina," rememora. Y cuenta también que un incidente lo depositó en el Registro de la Propiedad, donde estaría hasta jubilarse con la categoría 5.
Siguió vinculado al boxeo como árbitro, y se recuerda de él su imagen severa -aunque pelearan sus amigos- y su figura espigada gritando el clásico "breack", para que se aparten los contendientes y lo escucharan desde las tribunas. De allí vendría el clásico "¡¡Gerofildo, Gerofildo!!", que tanto dice aborrecer, y desde el ring la mirada dura de "Toscano" para amonestar a los vagos que se divertían barato con su bronca. Casi un clásico de cada festival en Fortín Roca.
"No me puedo quejar. Lo pueden ver, una familia hermosa, mi casa... ¿si pude tener más? Sí, pero ya les dije, me gusta mucho la timba y así perdí un terreno aquí enfrente y otro al lado de mi casa", narra sin arrepentirse de nada. "Ya pasó, me crié solo, en la calle y tuve de todo. Estoy conforme, me comporté con la honestidad que me enseñaron mis viejos y siempre hice lo que quise, porque nunca me gustó que me tengan enjaulado", apunta. Aunque María Inés le recordará lo que él nunca confesará. Que alguna vez lo fue a buscar en un taxi a un boliche de la calle Raúl B. Díaz, y al rato este personaje -aparentemente tan autosuficiente, con pinta de ser un poco compadrito- caía compungido y con la cabeza gacha.
Por allí anda "Toscanito", vendiendo alguna rifa, charlando con un amigo -aunque a él le gusta decir que son "sólo conocidos"-, saludando a diestra y siniestra. Con la mano en alto y el saludo cordial al que le grite "Chau Toscanito", o devolviendo una blasfemia al que lo mencione Gerofildo. Tiene 74 años, una tos incipiente por ese cigarro que no debiera fumar, y tres millones de anécdotas que podría estar días narrando. "Toscanito", o Gerofildo, como prefieran.

Solamente un verano.
“Fuiste mía un verano, fuiste mía un verano, solamente un verano…”. El hit de Leonardo Favio sonaba fuerte en todas partes, y los muchachos lo canturreaban cada vez que aparecía el personaje, a la sazón su amigo, que no era otro que el inefable “Toscanito” Macedo.
La escena se repetía en los pasillos de Casa de Gobierno, donde solían encontrarse, o por las tardes en el gimnasio, o en cualquier calle de Santa Rosa, porque son amigos de verdad. ¿Quiénes? Además de “Toscano” claro, el extraordinario boxeador que fue Luis Horacio “Golepa” Cabral, “El Oso” –o “Cacho”– Otero y “Chito” Teves.
“Fuiste mía un verano, fuiste mía un verano. Solamente un verano…”, repetían divertidos al lograr la bronca inocultable de Macedo. ¿Por qué, qué sucedía?
Cuentan, ellos cuentan, que “Toscanito” compró una heladera –casi un lujo en aquellas épocas–, llegando a los últimos años de la década del ’60, en un céntrico comercio santarroseño. Dicen, los “amigos” de “Toscanito”, que a los tres meses, “justito”, se la sacaron… por falta de pago. Diciembre, enero y febrero “Toscano” tuvo su heladera. Solamente un verano.
Por eso el “Fuiste mía un verano, fuiste mía un verano…”. Las rabietas de Macedo eran indisimulables, porque los atorrantes no perdían ocasión, de alguna manera, de contarle a todo el mundo lo que afirmaban había sucedido. Aún hoy “Toscanito” jura y perjura que aquello no fue cierto, y hasta asegura haber pagado “hasta el último peso a un Ruso que vendía y compraba heladeras. Miente ‘Golepa’, no es verdad lo que dice. Es más, al Ruso le compré precisamente una heladera que le había vendido el mismo ‘Golepa’, así que era usada, pero no le quedé debiendo nada”.
Ha pasado mucho tiempo, la vida casi, y mirando hacia atrás uno no puede menos que sonreír ante la broma inocente de un grupo de amigos que, en un mundo de furia y de golpes por doquier, encontraron una amistad eterna. Aunque a “Toscanito” le siga molestando aquella estrofa de la canción de Favio e insista conque nada de lo que dicen es cierto.
Pero “Toscanito” concretó, por esos días nomás, su venganza: ¿Qué hizo? Empezó a hablar por aquí y por allá del fallecimiento del Oso –otro personaje querido de aquella Santa Rosa–, si cuentan que hasta el doctor Ismael Amit y otros amigos interrumpieron su partida de naipes en el café El Centenario para prepararse e ir al sepelio. Cacho Otero veía que lo miraban con asombro, pero recién bastante después se enteraría que Macedo había decidido tomarse revancha echando a correr una versión que era falsa. “Tan falsa como lo de la heladera”, sostiene hoy, todavía, “Toscanito”.


Muere Gerofildo Macedo. Toscanito

A los 76 años falleció en Santa Rosa. Hay quienes sin proponérselo, dueños de un anecdotario único, conocidos por todos, se convierten  en protagonistas. Boxeador, árbitro de boxeo -”el primer pampeano árbitro nacional e internacional”, reafirma como para que se registre y aparezca como un dato indiscutible-, lustrador, caramelero en un cine, empleado de la administración pública (hoy jubilado), mozo, masajista de equipos de fútbol, vendedor de rifas y empedernido jugador, ese es “Toscanito”. “Si, la timba fue mi vicio desde siempre, porque cuando boxeaba ni fumaba ni tomaba”, aunque ahora sí consume dos atados por día para desatar las broncas de María Inés Villarreal, su esposa desde hace más de 50 años.  Su esposa Inés contó : ” Un día, cuando éramos novios me dijo que el domingo nos veíamos y volvió a los 5 años”, reprocha la mujer que lo “aguantó” durante medio siglo, y con la que conformó una familia que hoy tiene seis hijos y nada menos que 15 nietos. Nacido en General Acha, su familia se trasladó a Villa Regina y allá fueron los padres y 13 hermanos. “Mi viejo era obrero, y nosotros hacíamos un poco de todo… yo era lustrador y me gustaba el fútbol. Me las rebuscaba bien como wing derecho, pero un día me peleé con un compañero, le metí un ‘bollo’ en la boca y resulta que más tarde me dijeron que le había pegado al hijo del comisario. Después nos hicimos amigos, pero no jugué más. Hasta que apareció el boxeo… fuimos a ver un entrenamiento, me ‘empuaron’ para hacer algunos rounds con un pibe que estaba entrenando y la verdad es que me dio bastante. Pero como bien porfiado que soy ahí nomás empecé a entrenar y a los pocos días le di una paliza. Más tarde vino mi primera pelea, en Temuco, Chile.  Internacional en la primera pelea”. Anduvo de aquí para allá, peleando cuántas veces se lo propusieran y ganándose la vida de esa forma. Confiesa 206 peleas como amateur -incomprobable-, siete de ellas con su gran amigo Federico Ferreyra. “Resulta que él también era de Acha y un día cayó por Regina. Vivíamos juntos e hicimos varias peleas”. Un día creyó que estaba para más y se decidió. Se fue a Buenos Aires y empezó a entrenar en el Luna Park. Nada menos que 29 veces se presentó en el mítico estadio. “Eran buenos tiempos para el boxeo, ganaba bien, peleaba seguido. Me hicieron debutar en Montevideo, imaginen, la primera y ya peleando afuera”. Eran tiempos en que entrenaba junto a glorias del pugilismo, como Roberto Castro -campeón argentino y sudamericano-, el cordobés Manuel Alvarez, Ricardo González y Alfredo Bunetta, entre otros. Un día se decidió, todavía joven y dejó el boxeo. “Tenía 25 años pero ya había andado mucho, le había ganado a Roberto Arraigada el título de campeón pampeano en una pelea bárbara”, recuerda “Toscano”, y “me volví del todo a Santa Rosa”, donde aún esperaba María Inés. “Conseguí trabajo en Agua y Energía como cadete, y en 1962 cuando se inauguró la Casa de Gobierno pasé a ser ascensorista un par de años. Pero al poco tiempo me propusieron ir a mesa de entradas y allí aprendí a escribir a máquina,” rememora. Y cuenta también que un incidente lo depositó en el Registro de la Propiedad, donde estaría hasta jubilarse con la categoría 5.  Siguió vinculado al boxeo como árbitro, y se recuerda de él su imagen severa -aunque pelearan sus amigos- y su figura espigada gritando el clásico “breack”, para que se aparten los contendientes y lo escucharan desde las tribunas. De allí vendría el clásico “¡¡Gerofildo, Gerofildo!!”, que tanto dice aborrecer, y desde el ring la mirada dura de “Toscano” para amonestar a los vagos que se divertían barato con su bronca. Casi un clásico de cada festival en Fortín Roca.



Chito" Teves


Había nacido el 26 de marzo de 1940. Fue boxeador amateur y luego formó a numerosos deportistas de la época dorada del boxeo pampeano, entre ellos a Miguel Campanino, Walter Gómez, Mario Paladino y Miguel Angel Castellini.

En la adolescencia, el ex boxeador Liberato Fernández le enseñó a él y su grupo de amigos a sacar las manos, según recuerda el libro "Biografías Pampeanas" que hicieron Matías Sapegno y Norberto Asquini.

Siguió practicando boxeo en el club Santa Rosa. Hizo toda su carrera como amateur, con más de cuarenta peleas. Luego entró como manager al club Fortín Roca, donde empezó a escribirse la época dorada del boxeo pampeano.

Allí estuvo más de veinte años y junto a Vicente Espinoza formó a Toscanito Macedo, Miguel Ángel Campanino, Mario Paladino, Luis Horacio Cabral, Brujo Cabral, Mosquita Alvarez, Miguel Ángel Castellini y Walter Gómez.

Con algunos de ellos vivió desde el rincón varias noches de pelea en el Luna Park, donde -aseguraban- sus pupilos “parecían estudiantes, no boxeadores”, por su correcto comportamiento. Reconoció a Víctor Arnotein como su maestro en el box y el consejero en la vida.


Nelson Mandela


En 1950, un joven se acercó a un club en Johannesburgo, capital de Sudáfrica, para comenzar a practicar boxeo. Años más tarde, su nombre daría la vuelta al mundo y se convertiría en un luchador contra el Apartheid y la defensa de los derechos humanos, por lo que pasó 27 años en la cárcel, hasta erigirse como una figura de la libertad dentro y fuera de su país.

Nelson Mandela comenta en su autobiografía Long Walk To Freedom que en los años más críticos de su lucha contra el gobierno de su país, se le restringió el tránsito dentro del territorio nacional y fue confinado a quedarse en Johannesburgo. Fue entonces que se unió a un club donde practicaba el pugilismo.

Mandela recuerda que el Donaldson Orlando Community Centre estaba mal equipado para boxear: "no teníamos ring y entrenábamos sobre cemento, lo cual era particularmente peligroso cuando un boxeador era noqueado. Sólo teníamos un costal y unos cuantos pares de guantes. No teníamos medicina ni peras fijas, tampoco calzoncillos ni zapatillas adecuadas y tampoco protectores bucal".

Madiba recuerda que cuando era bachiller, practicaba el boxeo, pero fue hasta que llegó a la capital de Sudáfrica que tomó en serio el deporte, aunque "no era un destacado boxeador. Yo estaba en la división de los pesos pesados y no tenía el suficiente poder para compensar mi falta de velocidad ni la velocidad para compensar mi falta de poder".

Mandela entrena con Jerry Moloi (Especial)
 

¿Pero qué llevó a un hombre que pugnaba por la lucha civil pacífica, seguidor de Mahatma Gandhi, a meterse a un deporte donde se expone la vida? "No me gusta la violencia del boxeo tanto como la ciencia que guarda. Estaba intrigado por cómo se mueve el cuerpo para protegerse a sí mismo, cómo se utiliza una estrategia tanto para atacar y retirarse, cómo toma ritmo en una pelea".

Para Mandela, el pugilismo no era simplemente un deporte, se convirtió en una reflexión sobre la vida misma y la búsqueda del ser humano por ser mejor. "El boxeo es igualitario. En el ring, rango, edad, color, y riqueza son irrelevantes. Cuando estás dando vueltas a tu oponente, sondeando sus puntos fuertes y débiles, no estás pensando en su color o estatus social".

Recordaba que la discriminación estaba en todas partes, incluso en el deporte. Los atletas blancos tenían instalaciones de primera. Los negros, sufrían para conseguir espacios donde entrenar. "A diferencia de los pugilistas blancos, los africanos tenían trabajos de tiempo completo". A pesar de las adversidades, varios de sus compañeros de cuadrilla llegaron a ser grandes campeones nacionales.

El ex presidente veía en el boxeo la igualdad que en las calles se negaba. Sobre el ring todos son iguales, sólo la táctica y técnica hacen la diferencia, pero cuando todo acaba y llega el saludo fraterno, el reconocimiento hace de este deporte una actividad más humana. Mandela practicaba el boxeo para liberar el estrés y la tensión, pero también para reflexionar sobre la comunidad.

EL BOXEO, UN DEPORTE QUE LO PERSIGUE

1.- Con los años, ese pacifista galardonado con el Premio Nobel de la Paz ha sido reconocido en todo el mundo y el pasado 1 de abril de 2013 lo hizo el Consejo Mundial de Boxeo (CMB), que lo nombró Rey de la Igualdad Humana.

2.- A finales del mes de mayo, se presentó una estatua de Mandela en la que aparece practicando el deporte de las bofetadas. La obra de Marco Cianfanelli, llamada Shadow Boxing, fue creada a partir de la fotografía que Robert Gosani le tomó a Madiba y al boxeador profesional Jerry Moloi, en 1950.

La efigie está situada entre el Chancellor House, donde Mandela tuvo su bufete de abogados junto con su compañero de lucha Oliver Tambo, y el Tribunal de la Magistratura, uno de los símbolos arquitectónicos del Apartheid.

3.- Nelson Mandela se ha reunido algunas veces con Muhammad Alí, considerado como el pugilista más grande del mundo. Una de ellas fue en 1990 en Los Ángeles, California, con dos personas alcanzadas por la edad pero con buen semblante.

Otra fue capturada el 21 de junio de 2003 en Dublín, Irlanda, tal vez la más emotiva, pues dos hombres de grandes glorias se mostraban en decadencia. En esa ocasión, Mandela y Alí lanzaron sus mejores golpes al mentón.

 
EL BOXEO HUMANIZA

Nelson Mandela es uno de los personajes más importantes del siglo veinte. Su pacifismo consiguió mejorar la relación entre blancos y negros en Sudáfrica, y se convirtió en una antorcha de libertad para toda África.

Odiaba la violencia, pero encontró en el boxeo la metáfora perfecta de la igualdad. Nadie podrá decir que el pugilismo es una actividad deshumanizada, cuando ha inspirado a progresistas ha pelear por los derechos humanos y la evolución del espíritu.


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A 15 Rounds


A 15 Rounds es una de las páginas de boxeo mas completas en la red social fecebook  .
Fue creada en el 2011 y hoy cuenta con  13.578 personas que les gusta  la página y que la siguen  4.362, en  dicha pagina un fanático del boxeo o un periodista deportivo puede encontrarse con estadísticas, censos, videos de los distintos combates a desarrollarse o que ya se desarrollaron, intercambiar opiniones, otra cosa destacable de A 15 Rounds es que son muy agradecidos, “Simplemente queríamos darles las gracias a todos por el apoyo que nos brindan día a día, ya que sin ustedes esta hermosa comunidad no seria lo que hoy es. Son los mejores seguidores que un sitio podría tener y nos motivan diariamente para seguir dando lo mejor de nosotros y para seguir dándole al boxeo la difusión que se merece. Así que por eso y mucho mas ¡Muchas gracias a todos!” mensaje de hace unos dias de A 15 Rounds.

Los que nos dedicamos al boxeo al boxeo le damos las gracias por informarnos a diario de todo lo ocurre en el mundo del pugilismo 

https://www.facebook.com/A15Rounds

domingo, 16 de junio de 2013

Hector Javier Velazco



El  pedido  de un Campeon




Héctor “Artillero” Velazco, no es solo un nombre con seudónimo, es un hombre que diez años atrás, levanto la faja de Campeón Mundial de Boxeo categoría mediano, en el Luna Park, el mismo que veía cuando desde su Avellaneda natal iba a la Capital. El mismo que soñó lleno con un publico ovacionándolo, cuando miraba Rocky, y quería ser como el.-
Cuando tenia dos años de edad, su familia se instalo en Villa Gesell, ciudad con la que se adoptaron mutuamente, en definitiva el hombre es de donde decide pertenecer. Desde la extrema pobreza de su familia, amparado por el amor de su madre, vendía pan en la calle junto a su hermano para sobrevivir. Rodolfo Pereira fue el hombre que me hizo calzar los guantes, cuando yo llegaba muerto de frío y en bicicleta a un improvisado estadio que estaba bajo las gradas del club de futbol local. Después de nueve años tuve que decirle adiós, para poder crecer, empecé a ir a Mar del Plata, donde aprendí nuevas técnicas y gané varias peleas con Mario Gribcic, un óptico de Pinamar que después de ayudarme y ver todo el sacrificio que hice para tener una vida mejor me terminó estafando y traicionando.- El apodo de “Artillero” me lo puso el Bocha Rivas tras una sangrienta pelea que le gané en Gesell a un invicto marplatense en 1991, un año después de debutar como amateur.
En el 2001 gane el titulo de Campeón Continental de las Américas y a partir de ese momento creí muy firmemente que estaba en reales condiciones de aspirar a algo importante. Así fue como en mayo 2003 tuve la oportunidad que todos los boxeadores soñamos desde que nos calzamos los guantes por primera vez. Encima era mi debut en el Luna Park, y le gane al húngaro Galfi, quien ostentaba el titulo mundial por knock out en el séptimo round… cuando me consagraron caí de rodillas, alzando mis brazos.. era mi noche, mi momento, pero también la de mi mama, que ya no estaba conmigo, mis hijas, mis hermanos, mi padre…esa noche yo era ROCKY.-
Por esa pelea me dieron diez mil pesos, se que suena increíble, pero las bolsas millonarias son de los promotores, no nuestras, por lo menos en la Argentina. Con la ayuda de instituciones geselinas, y algunos amigos pude construir mi casa. Sabes que fue lo primero que me compre cuando cobre esa miseria; un par de medias..Si..No tenía ni medias.-
En mi primer defensa del titulo en Alemania, me cambiaron el rival tres días antes de la pelea, mi entrenador y mi representante, me traicionaron, me vendieron como mercaderes al mejor postor, yo fui su gladiador, su esclavo, si ganaba yo tenia gloria, y ellos dinero, si perdía, como fue, yo me quedaba vacío y ellos con dinero. Robaron mi pelea, me dejaron sin chancees de revancha, y me estafaron. Tuvo que pasar un tiempo, para poder procesar esta amargura, y desde ese momento lucho en tribunales para recuperar lo mío, porque no lo hice en ese momento? Muy simple… o estas con ellos y te callas o no peleas mas. Quien saber como termino la historia cuando reclame? Me inhabilitaron para boxear profesionalmente…
Encima, me dejaron tirado en Alemania, corriendo toda la semana previa con la misma ropa porque ni mi entrenador ni mi promotor me querían pagar los diez euros que los lavaderos cobraban por cada prenda, aunque a ellos les habían dado diez mil para gastos que yo nunca ví ya que tampoco comía porque vivía haciendo dieta para dar el peso. Fueron muy malas personas. Débil, sin vitaminas, y amargado por la traición, aislado, ni siquiera podía hablar con mi familia en Argentina, yo tenia temple, juventud, fuerza, pero a veces gana el gladiador y otras el león, personificado por esta gente siniestra y resumidos en los puños de un desconocido para el que no me habían preparado para pelear.-
La justicia, tarda pero llega, y mientras espero eso, funde un Club, para trabajar por la inclusión, enseñando boxeo, como disciplina deportiva y de vida, por que tengo una profunda fe cristiana, y la vuelco en mis acciones, y estoy gestionando colaboración para lograr la sede propia.-
Además desde hace 5 años, vengo reuniendo boxeadores, varios ex campeones mundiales como Sergio Víctor Palma, el Pepe Balbi, Julio Cesar Vázquez, Marcelo Domínguez, Látigo Coggi, Locomotora Castro, mi amigo y compañero de tantas Mario Melo, y trabajando para lograr una Ley en Defensa del Boxeo Argentino, que se nos reconozca como trabajadores, que tengamos obra social, jubilación, y que los que empiezan estén protegidos por un marco legal hoy inexistente.-
Curse presentaciones ante la Sra. Presidente de la Nación, Dra. Cristina Fernández de Kirchner, al Sr. Vicepresidente de la Nación, CPN Amado Boudou, y al Señor Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, solicitando la intervención de los mismos, para obtener la sanción de la ley a nivel nacional y provincial.-
Se que esta batalla la voy a ganar, round a round como en el ring tratando de ganarle al vacío legal que enriquece a los entrenadores y a los promotores a costa del cuero de los deportistas. El boxeo no es solo dos tipos agorándose a trompadas. Alguien me dijo que el boxeo se define en cuatro palabras: ataque, defensa, ciencia y eficacia. Es un arte, amigo, y eso se aprecia solo después de mirarlo, entenderlo, vivirlo y sufrirlo.-



Enrique Ismael Kistner

La pequeña gran historia de un hombre como tantos

                                    Gentileza del Diario la Arena



De los que lucharon contra todas las dificultades, y que pudieron aprovechar oportunidades que algunas personas generosas les pusieron en el camino.

"No sabés cómo me entrenaba! ¡Me mataba en el gimnasio y soñaba conque iba a ser campeón del mundo!". El hombre, físico grandote, pinta de ex boxeador, el pelo rubio, la nariz apenas aplanada, las manos inmensas y toscas que revelan el trabajo rudo que hizo toda su vida, hoy sonríe ante aquella remembranza.

Enrique Ismael Kistner (60) es un laburante del rubro de la construcción, que empezó como peón de albañil y ahora tiene -con su hermano Angel- una empresa que cuenta con más de 40 empleados. En estos tiempos se podría decir que es un pequeño empresario al que, sobre la base de trabajo y más trabajo, le va "más o menos bien".

"No merezco una nota. Hay gente que ha hecho muchísimo más que yo", dice con humildad. Y entonces hay que explicarle que tiene un cúmulo de cuestiones para destacar, en esta actualidad en la que se duda tanto de cuáles son los verdaderos valores y convicciones que hay que tener para vivir. Es que su presente, aunque sea como el de tantos, tiene el valor del esfuerzo y, además, es una persona bonachona a la que la va bien. Un ex deportista que soñaba con ser campeón del mundo, pero a quien la realidad lo obligó a dedicarse plenamente al trabajo.

Linda historia.

"Sí, a lo mejor es una linda historia la mía, y la de mi familia", admite luego El Ruso mientras me recibe en su coqueta casa de la calle Duarte, casi Circunvalación Este.

Cuando empecé a pensar en esta nota lo vi subiendo al Ruso a una flamante camioneta Toyota, que podría hablar de su buen presente. Ante una broma que le hice en ese sentido, Enrique no dudó en mencionar "cuando andaba por toda Santa Rosa con una vieja citroneta, llevando los baldes, las cucharas de albañil, los tablones y todos los elementos. Pero antes, peor aún, me recorría todo en bicicleta preguntándole a los vecinos si no querían que les arreglara una vereda, o un tapial. Así que esto de la camioneta de hoy está bueno, pero no me olvido de aquello...", me aclara.

Familia supernumerosa.

Enrique Ismael Kistner tiene cuatro hijos. Enrique Javier, "Lalo", (38), reconocido futbolista de diversos clubes; Gabriela Soledad (33), Aluminé (25) y Joaquín (10), y dos nietas, hijas del mayor, Alu (5) y Anto (4).

Explica que si bien nació en Santa Rosa, cuando todavía era muy chiquito fue con toda la familia a vivir a un campo, "El destino" se llamaba, y cuando tenía 5 se fueron a Eduardo Castex. "Estuvimos en una quinta donde el viejo tenía algunos animalitos, y todos teníamos que hacer algo".

Es que Dionisio Acevedo y Apolonia Kistner iban a tener nada menos que 13 hijos. Anorato, Jesús, Julio, Ángel, Enrique, Irma, Selva, Chola, Pety, Lidia, Quilpa y Mary. "Uno falleció cuando chiquito", explicó. Pero no sólo eso, porque El Ruso tenía 16 hermanos por parte de la mamá, y el papá aportaba otros cinco tíos, todos uruguayos incluido Dionisio. "¿Sobrinos y primos? Que se yo, seremos unos 1.100", exagera, pero no tanto.

Familia de dos apellidos.

"¿Por qué el apellido de mi mamá? Porque el viejo al final fue cómodo: cuando mamá estaba por tener familia y vivíamos en el campo se venía sola a Santa Rosa para el parto, así que nos anotaba con su apellido. Eso pasó con los más chicos, porque los mayores son Acevedo... La vieja le planteaba a papá que tenía que venir al Registro Civil a darnos el apellido, y él contestaba que le dijera al juez que éramos hijos de Dionisio Acevedo... y mamá le decía que iba a decir que éramos hijos del general Perón", explica la situación.

En Castex llegaron a vivir en un stud, que los padres acondicionaron como podían. "Mis hermanas empezaron a trabajar como sirvientas, mis hermanos mayores como peones de albañil, y a mí con 10 años me tocaba ser boyero... cuidaba vacas en la calle y me pagaban dos litros de leche por día y 5 pesos por mes. La verdad es que no pasamos hambre porque la vieja hacía de todo: polenta con leche, arroz y fideos con leche, sémola... pero además esquilaba, lavaba la lana, la teñía, nos hacía la ropa y también amasaba, hacía queso y manteca. De todo... La vieja era increíble, y para mí fue un apoyo toda mi vida". Y el hombre fortachón, el que era un rudo boxeador, un laburante de todas las horas, no puede evitar taparse los ojos y llorar. Mansamente, como lloran los hombres grandotes... se me ocurre.

"Perdoná", me dice sin darse en cuenta que lo único que hizo, en realidad, fue mostrar su nobleza. La que torna más hombres a los hombres.

¡No tenés maestro Gorosito!

El Ruso cuenta que aunque fue a la escuela hasta los 12 ó 13 años nunca aprendió a leer ni escribir. "Era vago, y no aprendí nada. Pero a los 14 años me agarró Ricardo Nervi y me convenció que tenía que volver a la escuela. Él me enseñó a leer y escribir en la escuela nocturna, así que te imaginás como le agradezco a ese hombre". Pero el poeta le dejó además otra enseñanza: "No hay otra, hay que estudiar, es el único camino, y se lo digo siempre a mis hijos, y mis nietas tendrán que hacerlo. Creo que hay que practicar deportes porque es lo que mejor forma al hombre, pero además estudiar. Y me parece que el gobierno se tiene que hacer cargo de que sea así", reflexiona.

Del albañil al "constructor".

Después cuenta que gracias, otra vez, a Miguel Campanino, a los dos días de llegar a Santa Rosa ya tenía trabajo: "Me llevó a verlo a Totó Scarpello y empecé a trabajar. Tenía muchas obras, y me tocó en la construcción de Canal 3, en la Cámara del Crimen (en realidad se refiere a lo que hoy es el edificio del Superior Tribunal), y en la Seccional Primera. ¿Sabés que ahí las primeras paladas de tierra las dimos con el viejito Aymú?, sí, el papá de Juan Carlos, el futbolista", rememora.

Fueron épocas de muchísimo trabajo, de aprender el oficio, y también de acceder a verdaderas lecciones de vida. "Te conté que tenía una radio que usaba para saber la hora, y una sola vez me dormí... ¿Y sabés qué pasó? Llegué 5 minutos tarde y le expliqué a 'Tani" Scarpello que me había dormido... No te hagas problemas, me dijo mientras pasaba una mano por mi espalda: 'mañana si te volvés a quedar dormido no te preocupes... es más, quedate a dormir hasta las 12, y a la tarde pasá a cobrar. Fue suficiente, nunca más me dormí".

Solidaridad.

Enrique es un hombre solidario, y en su formación reconoce ejemplos que lo hicieron crecer como persona. "Esto que te voy a decir quiero que lo pongas: yo estaba trabajando en una casa de la calle O'Higgins y tenía ganas de comprarme una camionetita para llevar todas las cosas del trabajo, había pedido un crédito en el Banco Pampa y me tenían a las vueltas. La señora de la casa me preguntó qué me pasaba y le conté. Mañana a las 12 vamos a ir al banco me dijo, así que al día siguiente, todo lleno de cal y bien de laburante fuimos. Habló con alguien y a los 10 minutos me habían concedido el crédito y me pude comprar la camioneta. La señora que me salió de garantía, casi sin conocerme, era Rosalba D'Atri, y siempre le voy a estar agradecido", apunta.

Quizás porque tuvo mucha gente que lo ayudó El Ruso es un hombre solidario: "Si hay que dar una mano siempre estoy. No me borro", asegura.

Campeón de la vida.

El hombre que soñaba con ser campeón del mundo quedó lejos de esa ilusión, pero bien podría decirse que es un campeón de la vida. Un título que no se otorga formalmente, pero al que no todos acceden: "Tengo una gran familia, una compañera excepcional, Graciela Suquía, que me contiene en los momentos difíciles, y por allí cuando miro hacia atrás me quedó una cuenta pendiente con lo del boxeo. Yo quería ser alguien en la vida, y ese es mi sueño incumplido, pero por lo demás puede decir que soy muy feliz... muy feliz".

"Además tenemos trabajo" -su empresa tiene obras en General San Martín y Colonia Barón-, "y puedo decir que dentro de todo estamos bien. Pero todo cambió mucho... me acuerdo aquella vez que llegué `5 minutos tarde con Scarpello y veo que ahora se saben todas las leyes: llegan tarde y te dicen si querés echame. Pero cuidado, porque también hay laburantes que quieren progresar, que son responsables, y que también quieren ser alguien en la vida".

Vaya si tenías historia Enrique. Digna de ser contada, y conocida... claro que sí.

El campeón que no pudo ser.

El Ruso Kistner hizo 40 peleas como aficionado, ganó 35, empató 3 y perdió 2. Se puede decir, una buena campaña, aunque no llegó a profesional. "El primer día que llegué a Santa Rosa, con 18 años, no sabía dónde iba a vivir y fui derecho a Fortín Roca... Quería ser boxeador, así que me presenté a Chito Teves y Vicente Espinosa diciendo que quería entrenar. ¿Que dos maestros me tocaron", rememora.

Y cuenta : "¿Sabés quién estaba escuchando cuando hablaba con ellos? Miguel Campanino. Él ya era figura y campeón argentino, y me preguntó si tenía dónde vivir... y no. Todo el día anduvimos con su Peugeot 504 nuevito hasta que conseguí una piecita donde llevé un colchón. Como sería la pieza que me tenía que agachar para poder entrar. Mi mamá me había dado, cuando me vine de Castex, un candil a kerosén, porque no tenía luz eléctrica y una radio chiquitita que dejaba toda la noche prendida para escuchar la hora al despertarme", sonríe hasta con cierta nostalgia. "Vos sabés que en un tiempo mis hermanas quisieron que me fuera a Buenos Aires para conseguir un trabajo mejor, y anduve haciendo boxeo en Unidos de Pompeya, en el bajo Flórez, y dos veces en la semana hacía guantes en el Luna Park. Ahí conocí a Monzón y Nicolino, los dos más grandes. Y hasta me tocó hacer guantes con Hugo Cuello, que era campeón del mundo".

Un día decidió volverse e hizo muchos combates, sobre todo en el interior, y como preliminarista de los grandes como el propio Zorro Campanino, Golepa Cabral, Mario Paladino y Walter Gómez. "Fueron momentos hermosos, pero a los 31 años decidí que ya estaba bien, y dejé".

Silbando bajito.

Una noche en Fortín El Ruso era árbitro, y en primera fila del público estaban Vicente Cejas, Carlos Fortuna y Jorge Schaab. Cuando se produjo la caída de un púgil Kistner contó, y a los cuatro segundos el hombre se levantó. Se oyó clarita la voz del Negro Cejas: "Menos mal, porque sabés contar nada más que hasta 5". Las risas del estadio "enloquecieron" al Ruso que advirtió: "Cuando baje los c.... a trompadas". Faltaba un round, y silbando bajito, los chistosos caminaron hacia la salida. No vieron ni la pelea central que venía después. "Me enojé un ratito, nada más", se ríe Enrique ahora.